Nada me roba mis 24 horas
Creo que muchos no se dan cuenta de lo importantes que son estas 24 horas que tienen al frente.
Yo era una de esas.
“Algún día tendré...”, anticipaba.
“Aquel día tuve...”, recordaba.
Tan ocupada recordando y anticipando, veía todo menos lo que tenía al frente.
Sin saberlo, mi mente me robaba mi propio tiempo.
Si pienso todo el día, todo el tiempo, cuándo vivo?
Cuándo vivo de verdad verdad?

“Cómo se vería tu vida sin pensamientos?”, pregunté.
Aterrado me miró. Como si le hubiera propuesto una vida sin inteligencia.
Le sonreí mientras lo miraba fijamente y sentíamos como el silencio hacia su camino en medio de los dos.
“Cómo se vería tu vida sin pensamientos?”
Mudo se quedó.
“Paz”, suspiré mientras cerraba los ojos, dejando que el silencio me envolviera.
Es que acaso necesitamos una constante narración de todo lo que está sucediendo?
Y si paro de fabricar historias?
Qué pasaría?
El punto tampoco es culparse por abandonar este momento.
Es simplemente volver.
Siempre volver.
Antes estaba ahí. Ahora estoy acá.
Otra vez.
Y otra vez.
Y otra.
Y las veces que sea necesario.
Nunca me voy a rendir.
Nada me va a robar mis 24 horas.
Con cada segundo que vuelvo, voy acumulando evidencia de que sí puedo.
De que sí gano. De que ya gané y seguiré ganando.
Voy ejercitando mi habilidad de vivir en libertad.
Libertad del pasado que ya fue y no volverá.
Libertad del futuro que vendrá cuando tenga que venir.
Muerte a las historias imaginarias que nunca sucederán.
Muerte a la narración insaciable.
Muerte a todo lo que me roba de este momento.
Muerte a todo lo que no es.
Libertad para mi mente, mi cuerpo y mi corazón.
Libertad para vivir mis 24 horas con todo lo que tengo y todo lo que soy.
Libertad o muerte.
Quizás las dos.
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